Resolución de triángulos.
- Manuel Redondo Ibáñez y Francisco Javier Pérez
- 26 mar 2017
- 2 Min. de lectura
¡Hola a todos! Somos Fco Javier y Manuel y os vamos a presentar algunos de los lugares más bonitos de nuestra ciudad que es Alcalá la Real; en concreto del Paseo de los Álamos.

HISTORIA:
Alcalá es una ciudad de feria, porque, a lo largo de su historia, Alcalá ha sido, es y siempre será cruce de caminos, un lugar de encuentro de hombres y pueblos, y, sobre todo, el principal paso de Andalucía hacia muchos lugares para feriantes y hombres de comercio. En el siglo XII, ya lo escribía Pero Marín refiriéndose a la venta de esclavos cristianos que se realizaban en la fortaleza de Aben Zayde. Allí estaba el rastro, la alhóndiga, los pesos de la harina, los mesones y los mercados.
Y es que el Paseo de los Álamos ofrecía una ubicación ideal para las nuevas corrientes que impregnaban las actividades de la feria, que se adaptaban a los progresos de la técnica y de las costumbres. Su jardín de estilo borbónico, al principio, facilitaba en sus diversos rincones y parterres los más variados usos que podía encontrar el visitante. Como punto cardinal se encontraba la glorieta, donde la música amenizada por las veladas militares, brindaba desde antaño a los vecinos conciertos de zarzuelas, pasodobles y marchas. A lo más, los grupos de música de cámara transformadas en orquestas de bailes o la intervención de alguna estudiantina amenizaban la danza de los mirones y más atrevidos. En las calles laterales, se ubicaban todo tipo de casetas artesanales, que, con el paso del tiempo, dieron lugar al traslado de las tabernas de barrio a estos habitáculos hechos de madera y cubiertos de lonas para resguardarse de las tormentas de otoño. Otras actividades quedaban relegadas al reparto del pan de los pobres y la elevación de globos que se llevaban a cabo en iglesias y en la plaza del Ayuntamiento. Pero llegaron los años cincuenta, y la velada musical fue sustituida por la caseta popular, la del Pellizco o, en otros años, la de la familia Gálvez. Las bandas militares dejaron paso a las orquestas de saxofón, trompeta y batería con bombos y platillos como la orquesta Florida. Las canciones de las cupletistas españolas y de Antonio Machín se abrieron paso a los valses y la música de fanfarria militar. Mercurio quedaba relegado por el dios Cupido, y en aquellas casetas, con vallas de madera blanca, se encontraron muchos seguidores de las cuitas amorosas. Ya, el espacio de ocio se amplió y los jardines de las entre calles sirvieron de lugar oculto para desvelar los primeros atrevimientos amorosos al ritmo de boleras y coplas.